El terror psicológico es una rama del género del terror puro y duro que juega más con la mente del espectador. No se centra exclusivamente en dar un susto aquí y allá, sino que busca crear una inquietud constante durante la duración del metraje.

Es difícil establecer porcentajes sobre cuánto tiene que ver el guion, la dirección, la edición, la iluminación… Al final, como cualquier formato audiovisual todo está formado por un puzle y cada género tiene sus propios códigos. Sin embargo, los tres principales pilares que son guion, dirección y montaje son absolutamente claves en este género. En otros, puede flaquear el montaje en favor de un guion maravilloso o que la dirección no haya aprovechado bien los recursos, pero en montaje está solucionado con un ritmo para no aburrir a las ovejas. Una vez más, no hay códigos de éxito.

Cuando un guionista escribe terror se enfrenta justo a lo contrario de escribir comedia. Tan difícil es hacer reír como dar miedo. Y digo miedo y no dar sustos o jumpscares como se suele decir. El género los incluye siempre, desde luego, pero ahora más adelante vamos a ver la forma de trabajarlo en el terror psicológico. Un guionista, mediante las palabras, al final está armando la historia que sugerirá al realizador ciertas imágenes para crear esa tensión y terror mediante el ritmo de la palabra escrita.

El director de cine que coge ese guion y hace una planificación visual de la película, tiene la tarea como acabamos de decir, de traducir las palabras a imágenes. Aquí surge otro código del terror psicológico: el ritmo. Cada plano debe tener el suyo. Por lo general, el director de cine debe crear una atmósfera verosímil para el espectador, y más si se utiliza el terror sobrenatural. Debe ser creíble y para eso cada plano debe tener su propio ritmo interno. Con esto quiero decir que vamos a empatizar especialmente a través de las miradas y las reacciones de los personajes (como en cualquier película, lo sé), pero aquí la amenaza es mucho mayor, no es de este mundo y si lo es, está fuera de lo común.

 

Después en la edición, cada corte deberá complementar ese ritmo interno del plano y el externo (movimiento de cámara). La edición aquí juega un papel absolutamente fundamental que ensambla absolutamente todo el trabajo anterior y si nos detenemos demasiado a observar a un personaje, es más probable que nos cansemos de él en vez de empatizar. La edición va a marcar la intensidad emocional, en definitiva, uniendo todas las piezas del puzle, incluida la música.

El imaginario colectivo

El terror psicológico apuesta muchas veces por lo que nos da miedo a todos. Sin ir más lejos, podéis ver este cortometraje:

2AM: The Smiling Man de Michael Evans

Algo tan simple que nos ha pasado a todos volviendo solos por la calle. ¿Verdad? Y solamente tenemos el susto al final.

También tenemos este otro, mucho más conocido por su adaptación a película:

Lights out de David Sandberg

Espeluznante apagar la luz y ver una sombra en mitad del pasillo. ¿Por qué? Porque a todos en algún momento de nuestra vida se nos ha pasado por la cabeza.

Esto mismo lo llevamos al límite en Expediente Warren 2: El caso Enfield de James Wan:

The Conjuring 2: Escena Valak

Os juro que en ese momento en el cine la piel se me puso completamente de gallina. ¿Cuántas veces habremos ido a dormirnos e ido corriendo a nuestra habitación por no mirar atrás en el pasillo? Al final, son trucos que siempre funcionan sin son bien ejecutados en todas las fases.

Pero ¿esto significa que se puede hacer terror siguiendo una serie de códigos? La respuesta es un rotundo no.

Como cada obra audiovisual, los autores ponen su propio sello. Volviendo a James Wan, tuvo un gran éxito con Insidious, pero con Expediente Warren renovó el género. Siempre les cuento a mis amigos que en la sala del cine tenía detrás a dos tipos enormes de gimnasio, diciendo que querían irse del miedo que estaban pasando. En ese momento fue algo innovador y por así decirlo, James Wan creó escuela. El utiliza un ritmo muy particular de la narración cuando se trata de crear tensión y mediante el guion no llegamos a los clímax de esas escenas. Me explico: Normalmente, en el terror se crea una tensión hasta que llega el susto, donde toda esa adrenalina generada se va en el momento que, o bien gritamos o saltamos en la butaca. James Wan no deja que el espectador descargue esa adrenalina, sino que le hace almacenarla en un búffer hasta que no puede más y quiere irse del cine. Ese es otro código del terror psicológico, mantener la tensión constantemente y estar tan atentos a no dejarnos sorprender que no nos esperemos por dónde va a venir el monstruo.

Karyn Kusama, por otro lado, es una directora de cine que descubrí en el festival de Sitges en 2015. Resulta que ya había visto alguna suya, pero la que visioné ahí resultó ser la ganadora de esa edición y la que me marcó. Los que la conocen saben que hablo de La invitación. Esta película está entre el límite del thriller y el terror psicológico, pero es que ambos géneros van muy de la mano. La dirección de Karyn Kusama en esta película nos cuenta mediante unos ritmos muy pausados para meternos en la piel del protagonista. Nos dice que algo está pasando en esa reunión de amigos y no sabemos qué es. Y cada vez va a más. Cada vez nos genera más dudas hasta que dudamos de nosotros mismos como le pasa a él y por tanto, nuestra tensión e inseguridad se disparan. Si no la habéis visto, en Netflix sigue disponible. Es una auténtica maravilla.

Después, hay directores de cine como Mike Flanagan que juntan todos estos aspectos y crean películas como Occulus o hacen series como La maldición de Hill House. Sin embargo, no he ahondado demasiado en su cine, quizá para otro post, que este ya está quedando largo.

El elemento paranormal

Como habéis visto, el terror no necesariamente tiene que estar asociado a algo sobrenatural, aunque comercialmente funcione mejor, desde luego.

Estoy bastante acostumbrado a ver películas de terror y puedo decir que realmente ha habido una sola que me haya hecho volver a ponerme las manos encima de los ojos para no mirar como un niño pequeño: Hereditary de Ari Aster. Especialmente en su última secuencia que dejo exclusivamente para aquellos que ya la han visto. Si no lo has hecho, ya estás tardando.

Hereditary de Ari Aster

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¡Hasta la semana que viene!