Cualquier realizador o videógrafo que esté empezando busca conseguir un resulta similar al cine con su cámara de entre 500 y 3000€. Lo cierto es que hoy en día se hacen películas con cámaras de este presupuesto, pero ni de lejos se acercan a las verdaderas imágenes que nos van a dar cámaras profesionales diseñadas especialmente para esto. Ya no solo por la tecnología de los sensores, si no por las propias ópticas. La calidad del cristal en sí misma es tan importante como la del sensor. Es como tener muy buena imagen y un audio deplorable.

Pero Alex, no me quites la esperanza en el primer párrafo.

Lejos de ser esta mi intención, los que me conocen bien, saben que soy una persona bastante clara. Así que vamos al lío.

Lo primero a tener en cuenta es aprender a encuadrar. Lo primero es consumir muchas imágenes profesionales, sólo así el subconsciente va registrando las diferentes posibilidades que nos da el encuadre. De hecho, al menos para mí, el encuadre es el 80% de la imagen, lo demás, son añadidos que potencian nuestro plano narrativa y técnicamente hablando.

Lo segundo es saber que muchas cámaras y teléfonos permiten que usemos la regla de los tercios para encuadrar. Para los iniciados, la regla de los tercios consiste en dividir la imagen en tres tercios en nueve partes con 4 líneas imaginarias. Se usa tanto en audiovisual como pintura y cómic.

A esta regla le sigue la del uso de los tercios superior o inferior para los horizontes. Lo normal es que cuando grabamos paisaje situemos el cielo o bien en el tercio superior o bien ocupe 2/3 del total de la imagen. Es decir:

Horizonte situado en 2/3

Horizonte situado en 1/3

Aun así seguiremos situando el horizonte en el tercio central por los siglos de los siglos… Hasta que apliquemos esto por primera vez y nos demos cuenta de la fuerza que adquiere la imagen.

Como tercer apartado, aprender y entender la combinación entre velocidad de obturación y diafragma. La velocidad de obturación es el número de veces por segundo que el obturador se cierra y se abre dejando pasar luz a nuestro sensor. En las cámaras digitales se puede decir que es el tiempo que tarda el sensor en “ver” la imagen proyectada a través de la óptica. Esto, combinado con el diafragma (un componente de las ópticas que permite regular la cantidad de luz, directamente relacionado con la profundidad de campo) nos permitirá exponer la imagen.

¡Menudo lío! Si, todos los videógrafos hemos pasado por esta parte y os aseguro que ya podéis ver 1000 vídeos hablando de ello que hasta que no lo pongáis en práctica no lo vais a entender. Así que voy a tratar de explicarlo con un ejemplo.

Cuando mayor sea la velocidad de obturación, menos tiempo tiene el sensor de captar la imagen. Por tanto: menos luz. Para conseguir nuestro look vamos a fijar la obturación en 1/50s o 180º.

En cuanto al diafragma, es más lógico: si está más cerrado, pasa menos luz. Más abierto, más luz. Pero hemos dicho que esto está relacionado con la profundidad de campo, es decir, la distancia que hay por delante y por detrás enfocada que hay con respecto al sujeto u objeto principal. Cuanto más cerrado, aumentamos más la profundidad de campo, es decir, la imagen estará más enfocada en su totalidad. Cuanto más abierto, menos enfocada.

El diafragma se mide en número F, siendo los números más pequeños, las aperturas más abiertas, es decir, F1,8 será más abierto (más luz y menos nitidez) que F22 (menos luz, más nitidez). El ejemplo está en nuestro propio cuerpo. ¿Qué hacemos cuando no vemos algo bien? Cerrar los ojos ligeramente para enfocarlo mejor. Así que nuestro valor cinematográfico dependerá en este caso de cuanta profundidad de campo queramos aplicarle a la imagen. OJO: tener poca profundidad no significa que sea un look más cinematográfico. Si no, que se lo digan a John Ford.

Lo que sí puede ocurrir es que queramos diferenciar sujeto de fondo y para ello debamos abrir el diafragma, pero entonces ganamos luz y la obturación lo suyo es dejarla fija. ¿Cómo hacemos entonces? Usando filtros de densidad neutra (ND).

Estos filtros se usan precisamente para usar valores de diafragmas más abiertos sin renunciar a la profundidad de campo. Van a oscurecer la imagen lo suficiente para que podamos jugar. Por eso, hay filtros ND con distintos valores, puesto que cada uno se adapta a diferentes situaciones y según el contexto narrativo.

Factores externos a la cámara: soportes de cámara

Tenemos que tener en cuenta si nuestra cámara va a estar fija en un punto o si nos vamos a desplazar con ella:

Si está fija, es obvio: un trípode. Pero que sea robusto (que no pesado) para que se ancle bien y tenga una cabeza fluida. Esto es, que si hacemos movimientos panorámicos no de tirones la cámara. Los hay por muy buen precio como este Velbon DV7000.

Si nos desplazamos con ella: un estativo o gimbal. No considero la steadycam porque está lejos del bolsillo de cualquier videógrafo que se esté iniciando.

Del estativo ya hablé en mi otro post sobre el equipo que yo uso, es útil para escenas rápidas de acción donde impere la velocidad del operador moviendo la cámara y dar esa sensación de rapidez y velocidad. En cambio, con un gimbal vamos a conseguir una estabilidad muy fluida en el movimiento. Será como tener un steadycam en miniatura (salvando las distancias).

Por lo general, cuestan menos de 1000€, puedes hacerte con uno y si lo cuidas, te durará bastante.

En postproducción

En este punto, vamos a depender ligeramente de la calidad del sensor de nuestra cámara, puesto que parte del look cinematográfico va a depender de la corrección de color que hagamos y hasta donde nos permite el archivo generado hacer esa gradación sin empastar los colores. Esto da para otro post.

Por último, aunque no necesario, podemos añadir las barras negras a la imagen. Estas barras emulan otras relaciones de aspecto. Lo normal es que grabéis en 16:9, pero hay cámaras como las Sony Alpha que permiten usar guías para usar otros formatos de imagen como el 2:35.1. Ya depende de lo panorámico que queráis que sea vuestro plano, pero lo cierto es que suma para conseguir nuestro resultado final.

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¡Hasta la semana que viene!