Como su propio nombre indica, este es el comienzo de una serie de post que hablan de lo que me he ido encontrando desde que terminé la universidad hasta hoy por la vida laboral del filmmaker.

Como muchos de los que habéis dado una vuelta por mi web, sabéis que mi objetivo pasa por dedicarme plenamente a la ficción, pero como cualquier realizador o director de cine español, es muy difícil llegar a ese punto. Así que hay que entender que se debe ganar dinero desde otras fuentes que el audiovisual tiene.

Una cosa he sacado en claro. Si estás aquí recién acabada tu carrera o módulo ten esto en cuenta: puedes ganar mucho dinero, pero es un negocio muy inestable. Los móviles, las cámaras réflex baratas, están dando unos resultados semi profesionales muy buenos que dan lugar a entender que “cualquiera puede hacerlo” o el tan odiado en nuestra industria “esto es plantar la cámara ¿no?”. Evidentemente, esto no es así. Si todo se redujese a poner la cámara en un trípode directamente no existiría nuestro gremio. Nosotros, los directores, editores, guionistas, grafistas o fotógrafos contamos algo con nuestras imágenes, aportamos nuestra visión con nuestra formación audiovisual o traducimos a imágenes lo que el cliente quiere transmitir. Eso cuesta dinero.

Este punto deriva en otra cuestión fundamental. ¿Cuánto cobro por mis vídeos? Para esto os dejo este link del youtuber RunbenGuo, que, si bien lo enfoca a la fotografía, es perfectamente aplicable a vídeo. Como realizadores o filmmakers, tenemos que saber que nuestro trabajo vale dinero, y como en cualquier profesión, si hacemos presupuestos por debajo de lo que realmente vale nuestro trabajo, estamos haciendo varias cosas negativas:

1. Infravaloramos nuestro trabajo. Una cosa es que estés empezando y cobres barato para afianzarte a tus primeros clientes y otra es cobrar 50€ por grabar y editar, ya no hablamos si lo hacemos gratis. Otro tema son los cortometrajes, donde al final sois un grupo de amigos que os juntáis para hacer algo único y quien no quiera participar, no pasa nada, está en todo su derecho, porque tampoco podemos exigirle amor al arte. Eso sí, que al menos compense a vuestro equipo formar parte de esos pequeños proyectos u ofrecerles algo a cambio, un pequeño trueque de favores. Hablaremos en detalle de esto en sucesivas entradas del blog.

2. Si cobras por debajo de lo estipulado no cubres tus gastos. Tenemos que entender que nuestro trabajo no puede facturarse por minutos de vídeo, sino por necesidades de producción y las jornadas que nos llevará tenerlo a cabo. Por tanto, solamente te perjudicas a ti.

3. Y no solo eso, sino que haces que todo el sector pierda dinero y la competencia sea un auténtico desastre. Un ejemplo sencillo: Un vídeo de una boda. El estándar son 500€, hay que tener en cuenta que estaremos grabando sin parar 10-12 horas. Después la edición será entre dos y cuatro semanas para 25 minutos de vídeo. Por debajo de esa cifra, solo es comprensible si no haces la edición del vídeo, si no es así, todos los filmmakers que se dedican a las bodas están perdiendo oportunidades y tú perdiendo dinero. Nadie sale ganando. Bueno sí, los novios, que pagan menos.

Al final, hay que tener muy claro lo que vale el material que tenemos que usar, las necesidades de producción y nuestro valor como profesionales. Por poner una horquilla, si no sabes qué cobrar porque estás empezando, una jornada de grabación puede ser entre 50-100€, por menos de eso no aceptes nada. En cuanto a edición, ten muy claro que desde 100-150€. A medida que vayas cogiendo experiencia, como bien se habla en el vídeo, tienes que tener en cuenta muchos más gastos y las inversiones en tu equipo de grabación.

Otras cuestiones son cuando haces varios packs de vídeos donde puedes hacer descuentos, pero eso ya es otro post.

En la segunda parte, hablaremos sobre cómo ganarnos la vida más allá de la ficción en España y el trato con el cliente.

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¡Hasta la semana que viene!