De la universidad al trabajo – Segunda Parte

Esta es la segunda parte de esta pequeña serie de posts. Si te perdiste la primera, más enfocada a cómo empezar a trabajar siendo autónomo en el mundo audiovisual, te dejo el enlace pinchando aquí. En principio, la serie acabaría con esta segunda parte, puesto que voy a pasar a centrarme en algo mucho más específico que he ido aprendiendo: el cliente. Y a veces el cliente no siempre tiene razón, pero debemos apechugar con sus demandas como filmmakers que somos. En este caso, nos centraremos en el cliente de vídeos corporativos, por ser el más extenso a la hora de la facturación de cualquier realizador audiovisual. No vamos a engañarnos, el vídeo corporativo puede ser un auténtico rollo porque la mayoría de las veces es “sota, caballo, rey” y casi nunca aportada nada creativo. Sin embargo, hay otros grandes clientes corporativos que permiten que experimentemos o tienen un briefing muy claro sobre el producto final que quieren conseguir, hecho que nos permite movernos entre la seguridad y la creatividad. Normalmente, en PYMES grandes o empresas grandes suele haber un departamento de marketing que enlaza directamente con nosotros. Por lo general, saben lo mínimo de producción audiovisual, así que paciencia. Saben muchísimo de otras cosas, pero en nuestro campo de acción, debemos ser muy claros con ellos e ir al grano, sin segundas interpretaciones. Como realmente no sabe mucho de producción, muchas veces este enlace nos pedirá presupuesto por minutos de vídeo. Ya dijimos en la primera parte de esta serie que es absurdo cobrar por minutos de vídeo, no tiene sentido salvo que solamente vayamos a editar el material (y también depende de las horas de material que haya que revisar). Cuando me refiero a ser claro, es especificarle siempre lo que vamos a necesitar para llevar a cabo la producción. Al principio, los presupuestos no los hacía desglosados y esto es una cosa que aprendí al poco tiempo de emprender. Es mejor desglosar cada apartado para que sea percibido como una especie de cesta llena de películas en el Black Friday (a más de uno le sonará esta situación) y después elegir con qué nos quedamos o si, por el contrario, añadimos más cosas. Otros clientes simplemente aceptarán un presupuesto, sin posibilidad de negociación. Así que cuanto más finos seamos a la hora de realizar nuestro presupuesto y más nos aproximemos mejor. Parece obvio, pero muchas veces esto se omite. Otro de los aspectos a tener muy en cuenta es el número de versiones de edición que vamos a entregar. Suelo entregar hasta tres versiones, puesto que, por experiencia, si das la mano no te cogen el brazo, te cogen el alma. Cambio tras cambio ya que normalmente no opina una sola persona sobre el vídeo que has enviado, sino varias y cada una tiene una visión distinta, como es lógico. Esto retrasa mucho el resultado final, pero es el pan de cada día. Así que debemos ser claros a la hora de la firma del presupuesto y acordar un número de versiones, las que consideréis oportunas y a partir de ese tope, cobrar un extra. Automáticamente el cliente se pone las pilas y en un solo mail te dice los 26 cambios que quiere. Es mucho mejor así que 26 emails con un cambio cada uno, creedme. Personalmente, uso un sistema un poco raro. Lo normal es que se etiqueten las versiones con V1, V2, V3… pero a mi entender, una versión es todo cambio o cambios que alteran la estructura del montaje. Es decir, que si el cliente nos pide cambiar solamente cuatro planos sin alterar la duración no lo considero una versión, y por tanto lo nombro con una letra después del número: V1b, V1c… Sin embargo, si nos cambian la música (pasa mucho) el montaje entero hay que reeditarlo. ¿Por qué? Porque a los vídeos corporativos hay que sacarles identidad propia como sea y siempre, absolutamente siempre, es mediante el montaje musical que hagamos. Por lo que un cambio de música conlleva volver a reajustar los cortes en función de los ritmos y golpes musicales que tanto nos gustan. Todo esto no es nada peyorativo, simplemente es un resumen de cómo afrontar a este tipo de cliente si sois filmmakers. Si por el contrario eres cliente, ¡ya sabes un poco más sobre el trabajo que encargas! Otro punto a tener en cuenta es los días de pago y esto no solo es un problema en el cliente corporativo. Es un problema con cualquier cliente. Lo normal es que te paguen a 30 días, pero por diferentes circunstancias puedes acordar más días, pero nunca más de 90. Tengo un compañero al que le deben 14.000€ entre diferentes clientes y no os exagero. Esto es un verdadero problema, porque cada mes hay gastos y cada trimestre más aún como personas y como autónomos. Es otra de las razones por las que pasado ese tiempo establecido, siempre desde el respeto, debemos reclamar nuestro pago. ¿Te ha gustado esta entrada? Pues déjate un like y comenta cualquier cosa que creas que puede sumar. Se trata de que todos aprendamos juntos como guionistas y filmmakers. ¡Hasta la semana que viene!

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