Tanto la ciencia ficción como la fantasía son dos de mis géneros favoritos, aunque debo decir que esta última me cuesta un poco más y me identifico más con el realismo mágico, un subgénero donde el límite entre realidad y fantasía es muy pequeño.

La ciencia ficción en sí, es un género al que se ligaba a las historias de aventuras, pero que su evolución hasta nuestros días permite ser combinado con los demás principales géneros sin crear aberraciones como puede ser Cowboys and Aliens. Personalmente, prefiero leer y ver historias donde la ciencia ficción pone cuestiones del presente sobre posibles futuros, es decir, extrapola situaciones políticas y sociales de la actualidad, a sociedades o grupos del futuro, camuflándolas para que lectores y espectadores ahonden en la profundidad del relato y la crítica social. Eso sí, una buena space opera al estilo de Star Wars y Guardianes de la Galaxia asegura un nivel de frikismo muy divertido.

La fantasía, por el contrario, rompe con las reglas conocidas del lector o espectador, creando una suspensión de realidad mucho más fuerte, que requiere de la persona un mayor esfuerzo por aceptar. En ella entra con fuerza lo sobrenatural, lo insólito y lo desconocido en un mundo aparentemente real, que da explicación a los grandes misterios de la humanidad por medio de estos fenómenos, que escapan a la comprensión humana. La ciencia ficción en muchas ocasiones también se mueve sobre estas cuestiones, pero siempre (o al menos intenta) tratarlo desde un punto de vista científico-ficticio sostenible, es decir, que dentro de la ficción, esa ciencia inventada no sea un disparate (que tenga coherencia dentro de lo inexistente) o simplemente, aún no se haya desarrollado pero no sea tan descabellado que exista en un futuro. No obstante, en defensa de la fantasía, su origen se remonta a tiempos antiquísimos de la historia humana, concretamente, desde poemas mesopotámicos hasta los mitos clásicos, donde ya aparecen criaturas sobrenaturales para explicar las gestas de los héroes y de esta forma, crear una serie de relatos que rigen la sabiduría del hombre y su quehacer en la sociedad.

Así que, sentadas estas bases, querido lector o lectora, es absurdo crear una lucha entre ambos géneros, por lo que, desde mi más humilde opinión como realizador y espectador, declaro un empate técnico que solamente se deshace según los gustos de cada persona.

Lo bueno de ambos mundos, es que tienen la capacidad de evadir a las personas a otros lugares, desarrollar la imaginación hacia lo inexistente e inabarcable, otorgándole ese plus que la vida no ofrece. Al final, son historias que cuya base está en el relato de lo extraordinario.

En cuanto al proceso de escritura de estas, no tienen nada que envidiar a historias más realistas, donde hay una documentación sobre el entorno real. En este caso, la documentación es más propia de la ciencia ficción que de la fantasía, pero en ambos géneros, la imaginación de los autores es el principal motor narrativo. Muchas veces, cuando uno empieza a escribir este tipo de historias, tiende a imaginar y desarrollar lo extraordinario sin pararse a pensar en los detalles que sustentan todo eso. Lo extraordinario por sí mismo no se sostiene, necesita una base sólida y real sobre la que se pueda construir la historia.

En cualquier género, es importante que como guionistas trabajéis el backstory, tanto de la sociedad (contexto) como de los personajes. No es más que toda esa historia que no se cuenta en el resultado final, pero que está presente, va a permitirte conocer mucho mejor el entorno en el que desarrolles tu trama, sin dejar grandes lagunas o agujeros de guion sin resolver. Cuando me he enfrentado a la ciencia ficción, como en mi novela 21 o en mi proyecto de serie Inmaterial, la figura del asesor científico es fundamental. Es el que va a permitir establecer los límites de la realidad en la ficción. No pasa nada si metes a tu personaje en un agujero de gusano como en Interstellar y salga con vida de él aunque sea teóricamente imposible, puesto que no hay pruebas empíricas que lo confirmen, porque previamente se ha establecido que «alguien» colocó el agujero de gusano que les llevaba a esa otra galaxia. Esto son las normas que establecemos para la suspensión de realidad de la que hablábamos y que surgen de ese backstory que hemos pensado. Lo que quiero decir es que no empieces la casa por el tejado, como en cualquier relato, puesto que no se diferencia tanto a nivel de desarrollo inicial de un drama o una comedia.

Los personajes de ambos géneros suelen responder a la estructura de El viaje del Héroe descrita en el libro El héroe de las mil caras de Joseph Campbell. Pero si vamos a por ejemplo la saga de los robots de Asimov, Elijah Bailey es un tipo normal que solamente hace su trabajo de detective, no existe una llamada a la aventura propiamente dicha. Una vez más, las estructuras narrativas surgen solas, los libros nos cuentan guías para que el inicio de la escritura sea mucho más sencilla. Por cierto, te recomiendo esta saga si te gusta tanto el thriller policiaco como la ciencia ficción, es una auténtica maravilla.

Así que una vez más, cuando crees experimenta, no tengas miedo ni trates de ser ni ir más lejos que Asimov o Arthur C. Clarke. Ellos y cada creador es inimitable. Lo mejor de tener una mente creativa es que puedes encontrar tu camino y en el tu estilo, único y enriquecido tras leer muchos libros y ver numerosas películas y series. Si a eso le sumas que tienes una imaginación potente, el límite solamente lo pones tú.

Si te ha gustado lo que has leído, puedes suscribirte al blog pinchando en este link: https://bit.ly/2LGpELc (te llevará a un formulario de MailChimp).

¡Hasta la semana que viene!

Facebook: https://www.facebook.com/Alejandro-Barvel-186754851397276/

Instagram: https://www.instagram.com/alejandrobarvel/