Hacía tiempo que no revisionaba esta grandísima película, que personalmente entra en mi “top 3” del terror junto a la primera de «Expediente Warren» y «Hereditary«. Así que la tengo bastante fresca para poder hablar sobre ella.

Babadook es una película de terror del año 2014 y es de esas películas que realmente no dan miedo. Pues vaya, si no da miedo será mala ¿no? Lo cierto es que este cuento de terror (porque es eso, un cuento) no creo que su intención sea darnos miedo, es algo que vendrá de la mano para quienes lo pasen mal viendo este género, sino contarnos algo muy personal desde la visión de su directora, Jennifer Kent.

Es una película de terror australiana, independiente y con necesidad de dos o tres visionados. Desde luego no es terror comercial, de eso hay mucho (y algunas muy buenas como «It Follows«). Vamos al grano:

Han pasado 7 años desde la muerte del marido de Amelia (Essie Davis) justo el día que ella fue a dar a luz a su hijo Samuel (Noah Wiseman). Ella trata de llevar una vida normal con un niño aparentemente no tan normal, con problemas de socialización y muestras de violencia creando sus propias armas. Samuel, como cualquier niño, tiene miedo de irse a dormir por los monstruos que ve en su habitación y cada noche, para que se quede dormido, Amelia revisa con él el interior del armario y cada rincón de su habitación. Después le lee un cuento para que se quede dormido. El problema se desencadena cuando eligen un macabro cuento que se llama “Mister Babadook” donde una especie de monstruo posee a un niño. Hasta aquí, los primeros veinte minutos de introducción de la película. Si no la has visto y quieres verla, no sigas leyendo, porque llegan los spoilers.

La superación del duelo

Podríamos centrarnos en cómo Amelia, al igual que Belén Rueda en “El Orfanato”, se va consumiendo a sí misma a medida que su hijo consigue que cada noche duerma menos y se le empiece a ir la cabeza creyendo incluso que Babadook existe. Y lo cierto es que existe, pero como representación de algo y dentro de un cuento.

Normalmente, los monstruos en el cine de terror son eso, monstruos. Entidades sobrenaturales que hacen la vida muy difícil a los protagonistas. A veces esto está bien, otras veces, es repetitivo. Así que la fórmula de simbolizar algo, desde mi punto de vista como guionista y director siempre funciona al menos a nivel conceptual. Vamos, que prefiero que haya doble significado.

Durante el transcurso de la película, tenemos la sensación de que Amelia no quiere a su hijo, y que realmente, tal y como dice ella cuando está “poseída” por Babadook, desearía que hubiera muerto Samuel y no su marido. Nada más lejos de la realidad. Amelia quiere mucho a su hijo como madre que es, pero en los siete años que han pasado no ha sido capaz de pasar página. Y es que pasar página no es no hablar del ser querido que ya no está, sino afrontar y encajar que ya no está. Curiosamente, todas las pertenencias de su marido están en el sótano, el cual tiene cerrado con llave.

Por eso, al final, cuando Amelia expulsa al más puro estilo de un exorcismo cinematográfico tradicional al monstruo de su cuerpo, escupiendo un torrente de sangre por su boca en ese mismo sótano, Samuel es arrastrado a su cuarto por Babadook. Amelia le persigue hasta su habitación donde finalmente se enfrenta al monstruo y mediante un fantástico plano subjetivo, el monstruo, que tenía la voz distorsionada hasta entonces, ahora tiene una voz de mujer que grita desesperadamente y corre a esconderse al sótano.

Esta es la forma en la que Amelia definitivamente ha afrontado el dolor por la pérdida de su marido y acepta su papel de madre como tal, y no de padre inclusive como trababa de ser.

Me reafirmo, cuando en el epílogo de la película, Amelia desentierra gusanos que deposita en un cuenco con muchos más gusanos que le da a Samuel. Ese cuenco es para Bbadook. Aquí viene lo realmente complejo y mi interpretación:

Los gusanos son otros de los grandes descomponedores del cuerpo. En este caso, están “descomponiendo el dolor” de Amelia y por eso, es la comida que ella usa para alimentar a Babadook, ahora recluido en el sótano. Cuando va a bajar a dárselos, Samuel le dice que si puede verlo, a lo que Amelia responde: “Algún día cuando seas mayor”. Y es que es verdad, el protagonista no es Samuel sino Amelia y ella es la que está superando el duelo. Por eso hay varios planos simétricos con Amelia en el centro del cuadro, mientras que Samuel siempre aparece a un lado. Además, a un niño no se le puede explicar todos los matices de la pérdida de un ser querido sin que lo viva en sus propias carnes (a pesar de que Samuel siempre tiene miedo de que su madre muera).

Una vez Amelia está en el sótano y le deja el cuenco, Babadook, de nuevo en un plano subjetivo, se abalanza sobre ella gritándola. Amelia casi se cae al suelo, pero se recompone y le dice: “Está todo bien. Está todo bien”. Sencillamente, maravilloso. Es la forma en la que ella tiene recaídas en el duelo, como cualquier persona y poco a poco, entierra su dolor superándose a sí misma.

¿Y por qué un plano subjetivo?

Este tipo de plano los directores de cine lo usan principalmente para hacer que el espectador sea partícipe de lo que ve el personaje directamente. Puede ser una visión objetiva o subjetiva.

La razón en Babadook es esta misma, pero con la versión de Amelia en duelo. Amelia es Babadook en este cuento de hora y media. Y su hijo, Samuel, solamente quería, como repite a lo largo de toda la peli, que ella esté bien.

Recuerda que esta es mi interpretación personal, así que si tienes otra distinta, parecida o que aporte más, ¡ponla en los comentarios!

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¡Hasta la semana que viene!