Hace cosa de un mes y medio, fui a un evento de networking para escritores organizado por La Reina Lectora

A través de Instagram contacté con Eva Fraile, la persona que está detrás de este famoso blog. De la conversación surgió mi primera colaboración con otro blog para hacer una reseña desde un punto de vista más cinematográfico. Ya avisé a Eva que soy una persona que lee muy lento, especialmente en esta época prevacacional, pero al ser una novela corta y tan fácil de leer, no he tenido mayor problema en llegar a tiempo. Al lío.

«Sentirse muerto es solo una forma rebuscada de sentirse vivo»

Tras un accidente de avión, un hombre con un tumor cerebral en estado avanzado y una mujer con problemas psiquiátricos graves, se ven obligados a sobrevivir en una isla desierta sin que ninguno sepa si el otro es real o no.

Por ahondar un poco más, Nadie vendrá a rescatarnos es una novela de intriga psicológica y supervivencia, con un alto sentido del romanticismo y un tono muy melancólico, cuya temática podría interesar a un público urbano de entre veinte y cincuenta años de ambos sexos, pero especialmente al femenino. Su historia habla de amor, de redención, de incomunicación, y en especial, de la pérdida y la dificultad para olvidar a nuestros seres queridos.

Como he dicho antes, soy una persona a la que le cuesta mucho leer por tener demasiadas cosas en la cabeza. Quizá leo cinco páginas y tengo que retroceder porque no me he enterado de nada. Cuando la lectura es sencilla, sin descripciones farragosas y permite imaginar perfectamente lo que describe el autor sin dar demasiadas vueltas sobre una cuestión, me permite leer muchísimo mejor, rápido y disfrutar más, que es de lo que se trata.

Desde la primera página de la novela el lenguaje que emplea G.G. Velasco es tan sencillo y cercano al guion literario que me resulta muy familiar. Si bien es cierto que emplea el tiempo pasado como en la mayoría de las novelas (los guiones se escriben en presente), los pensamientos y descripciones siempre avanzan, nunca se estancan. Y eso se agradece mogollón.

A parecer, esta novela inicialmente iba a ser un proyecto cinematográfico y eso se nota. Tiene una adaptación muy sencilla al guion y a nivel de producción es una delicia. Todo ocurre en una isla desierta con solo dos personajes principales, a excepción de la parte del avión al inicio, que se soluciona fácilmente con el rodaje en un plató. Habría pocos extras y muy pocos efectos digitales, así que, siendo una producción en España, se podría sacar “fácilmente” por 2 millones de Euros para tener una buena producción y distribución en el país. Lo entrecomillo porque sacar un largometraje adelante por ese y cualquier presupuesto es una odisea.

Sin embargo, no es una historia con contenido local. Es decir, no solamente se entiende en España debido a los géneros que trata. Me explico: es un thriller psicológico romántico. Una mezcla entre Shutter Island, Lost,Misery.

Por tanto, unido a su corta duración, tiene un carácter comercial muy potente de cara a una adaptación cinematográfica, aunque bien es cierto que harían falta personalidades para movilizar al espectador, bien actores o bien realizadores, pero eso como en todas las películas.

«A veces no sé qué es real y qué no. Lo terrible es que, cuando eso ocurre, tampoco me importa demasiado».

Me encantan las historias donde el antagonista real es la mente de los personajes. El fin de semana pasado fui a ver Midsommar al cine, y uno se da cuenta de hasta donde puede llegar la maldad humana, o si en realidad existe porque solamente sea una cuestión cultural. Adentrarse en la oscuridad de la mente humana es lo que hace esta novela una lectura muy cómoda si te gusta el género.

Desde el punto de vista del protagonista, Óliver Eldricht, hay un backstory super trabajado para conformar su psicología. Cada palabra que emplea el personaje y cada reacción que tiene, incluso llegando a estancarse en su propia evolución, tiene un trasfondo que se deja entrever y que poco a poco es revelado a lo largo de la historia. Estamos ante un cirujano reputado, pero con un tumor cerebral que ha roto todos sus esquemas y le ha hecho huir a ninguna parte. Qué frágil es la existencia y mucho más la mente humana. Una de las cosas interesantes en las películas es darle esas capas de profundidad social, donde se da lugar a que el espectador, o en este caso lector, participe activamente con su cabeza, pensando qué puede ocurrir. El tema de la fragilidad contrasta profundamente con los animales que aparecen, fundamentalmente dos, pájaros carroñeros y una iguana. El propósito de la supervivencia en el reino animal es uno, y no admite fragilidades: o comes o te comen. Esa es la evolución de Óliver a lo largo de la novela. Puede abandonarse y que las células cancerígenas le devoren el cerebro, o puede intentar ganarse a sí mismo la partida para aguantar un poquito más en la vida. Es una cuestión de enfoque.

En el otro extremo tenemos a Coral, que aparece como una náufraga más ahogándose y que Óliver salva. Pero como me está costando horrores hacer esta reseña sin spoilers, mejor no voy a contar mucho sobre este personaje, puesto que es el propio detonante de la historia. Hay que recordar que el detonante, como dije en una de mis entradas, es algo ajeno que escapa al control del protagonista. Eso es Coral, una bomba de relojería que en cualquier momento puede estallar.

Ese contraste entre la aparente rigidez de un cirujano y la inestabilidad emocional de una desconocida absoluta es lo que enriquece la narración. La creación de puntos de tensión entre polos opuestos que se atraen es en sí misma una contradicción perfecta para la progresión dramática, pues del conflicto surge el avance. Y eso es lo que más hace de esta novela un auténtico guion literario: el constante conflicto. Es cierto que esto se debería dar en todas las historias de ficción, sean audiovisuales o escritas, pero es lo mismo que contaba al inicio: G. G. Velasco no está dando vueltas sobre la misma piedra para retroceder y volver a dar vueltas. No. Siempre va de una piedra a otra.

Por último, estas sencillas descripciones me han permitido imaginarme a la perfección cada matiz de la historia, meterme de lleno en ella e imaginando perfectamente el lugar donde se encontraban, hasta el sonido. Esto depende mucho de cada lector, de hecho, lo normal es que me imagine cuerpos flotando y sin rostro (qué tétrico), nunca llego a imaginar a las personas por completo cuando leo o escribo. Así que esto es mérito también de su autor, por facilitar tanto la comprensión y ser capaz de haberme trasladado como lector directamente a esa isla donde transcurre la historia.

Si a todo esto le añadimos el uso del color en la novela, puede dar lugar a una dirección de fotografía muy bonita. En la novela el color del océano es importante, lo digo porque a veces se vuelve rojo como en la portada y tiene lógicamente una explicación que no daré. Jugando con la única luz nocturna del fuego que encienden cada noche los protagonistas y la luz de las estrellas en medio del océano pacífico.

¡Y nada más! La verdad es que me ha encantado poder hacer una colaboración, espero hacer muchas otras tanto para el blog como para el canal de Youtube. Los apartados de esta entrada se corresponden con frases extraídas del libro.

Si os ha picado la curiosidad, podéis comprar el libro en Amazon pinchando aquí

Por añadir más datos sobre el autor:

G. G. Velasco es licenciado en Periodismo, escritor y viajero. Nadie vendrá a rescatarnos, quinta de sus novelas autoeditadas, supone una de las historias más personales de su trayectoria tras Lo que define a una llama, Dögunljósey: vocabulario comparado de lo intraducible, La naturaleza del escorpión y Demöcrata por conveniencia: diario irreverente de unas elecciones sin elección.

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Y hasta aquí la primera “temporada” de entradas en el blog. Durante el mes de agosto no habrá ninguna por vacaciones, que son muy necesarias. Así que, ¡hasta el 3 de septiembre!

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